¡Hoy ha sido un día tremendo!

Por la mañana me he levantado como si no hubiera dormido, agotado. ¡Vaya putada! ¡Al cole! Nada más llegar he tenido que subir al teatro para coger el puto paraguas que me dejé ayer. A bajar corriendo hasta el patio para luego subir de nuevo. El sudor fluía por mis poros hasta gotear por mi frente y mi pecho y empapar mi camiseta puesta hacía escasos treinta minutos.
Al llegar a clase me encontraba en un examen de dibujo técnico durante el que no he parado de pensar –Tierra trágame –al acabarlo he tenido que bajar hasta el gimnasio. Durante la hora que he transcurrido allí he tenido que aguantar descalificaciones por parte del personal docente que, realmente me están hinchando las narices. Éste se ha pasado toda la hora ejerciendo presión en todas las partes de mi cuerpo (dónde es aplicable y no penséis mal) para según él aumentar mi flexibilidad.
Una vez ha acabado esta hora de sufrimiento he salido al patio ha hacer un descansito para ver si me recuperaba. El resto de la mañana ha transcurrido como lo hace cada día, es decir, correctamente.
Mi sorpresa estaba por llegar cuando esta noche, teniendo la ventana del comedor abierta, mi casa se ha llenado de denso humo tóxico proveniente de plástico, supongo, debido al fuerte hedor que éste traía consigo. ¡UN INCENDIO! Un edificio de mi calle, habitado por ocupas cómo no, estaba en llamas. Rápidamente me he vestido, he cogido mi paquete de Marlboro, el móvil, las llaves de casa y he salido a ver que estaba pasando. He estado hablando con un agente de policía que rápidamente me ha explicado la situación y yo me he quedado, la verdad, más tranquilo.
Pero aquí no acaba todo, la más terrible de mis sorpresas estaba por llegar. Cuando me dirigía al portal de mi casa he visto una figura entre la umbría de mi calle y conforme me iba acercando he empezado a oír la voz de un hombre ebrio, loco, inestable, subnormal, con todos mis respetos hacia los que tienen la desgracia de serlo de verdad, gritándole al portón del parking. Durante cinco minutos he estado oyendo todo tipo de improperios saliendo de la boca del ebrio señor, los cuales no voy a citar por su suma malsonancia. Cuando ya parecía que se iba, dando tumbos por la calle, se ha dado la vuelta y se ha acercado al muro que separa el portal de mi casa del parking y ha seguido chillando y abroncando a la pared como si de alguien que le escucha se tratara. No tranquilo con eso, pareciendo ya que llegaba al fin tal espectáculo, el individuo se ha dirigido hacia el porche que hay antes de acceder al mismo portal y se ha ensañado con el en una lucha a patada limpia intentando destrozar los cristales de la puerta y, claro, gritando, e insultando a la puerta mientras esta recibía una enorme paliza. Debe ser que en una de sus patadas se ha hecho daño porque enseguida se ha marchado.
Después de dieciocho minutos y treinta segundos de angustia con el loco, he podido entrar a mi casa y escribir el resumen del día de hoy.
Espero que os entretenga.
Buenas noches y hasta mañana.


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